SITUACIONES INQUIETANTES  XVI

 

Shalom Vásquez y Simon Recio
NEL – Maracaibo

SI USTED AUN NO LO SABE…¡ES POR ESTO QUE ALZAMOS NUESTRA VOZ!

“Nunca voy a esperar morirme de hambre pa’ cantar lo que me duele.

Caracoles, cascabeles; para saber cuándo podré yo verte

¡Ay mamá!

Morena Libertad, ¿cuándo será?

Desorden Público

El estado de deterioro de nuestro país ha llegado a un punto límite de insostenibilidad que angustia a todos aquellos que lo habitan. Lo que en otros lugares del mundo forma parte de lo primordial para poder existir en sociedad, y existir en general, aquí se ha convertido en el lujo de pocos. Todas las clases sociales se han visto afectadas por el declive por el que atraviesa Venezuela, porque aquí no se vive, se sobrevive… Por eso ésta no es una lucha de clases.

Las protestas que se producen diariamente, son consecuencia del descontento popular por los problemas que nos invaden a los venezolanos: escasez de productos básicos; racionamiento de agua, luz, gas, gasolina (nótese la paradoja); vialidad deplorable; economía en constante declive (inflación del 56% para 2013); desabastecimiento; colas infinitas para adquirir alimentos; un sueldo mínimo que no cubre las necesidades del venezolano; inseguridad e impunidad (en 2013 ocurrieron, según cifras oficiales 24.763 muertes violentas, de las cuales el 92% han quedado impunes). Vejaciones a la libertad de expresión; censura a medios de comunicación, disidentes del gobierno son perseguidos políticos. Entes públicos que deberían trabajar en función del pueblo, siguen instrucciones directas del presidente y quienes le rodean.

 


SITUACIONES INQUIETANTES  XV

María Alejandra Márquez*
Estudiante Universidad Paris 8

 

VENEZUELA EN DESORDEN

Cuando llegué à Paris en el 2012, se hizo más claro para mí que en Venezuela las cosas iban peor de como las veía. Existen aspectos de la vida cotidiana que los venezolanos hemos olvidamos a causa de la costumbre de vivir en un país en crisis. La previsión, la planificación, lo predecible; esas cosas que hacen que el sujeto encuentre dentro de lo eventual, lo imprevisible y lo contingente, un lugar para decidir, para escoger, para ser. Visto desde otra perspectiva, definitivamente, el referente de orden ya no cumple la misma función.

Pasa entonces, que al venezolano se le olvida su responsabilidad en lo que escoge ser, y no lo culpo. Hay un gran amo que se le impone, que lo veta. El venezolano está “entretenido” porque en Venezuela el tema de la ‘decisión’ ni siquiera reduce a ser o a morir. Se decide entre la lucha por intentar ser o morir. La tasa de mortalidad a manos de la violencia es tan alta que la mínima elección subjetiva parece un riesgo de vida o muerte. El riesgo es real. Aunque el venezolano tiene que olvidarlo para poder llevar el día a día, la verdad es que la situación no deja de recordárselo. Sin embargo, de la cotidianidad, aunque los detalles importen, lo que resalta es el absurdo. Nadie se escapa de las vicisitudes de vivir en una constante paradoja, entre lo que “no puede ser que esté pasando” pero “está pasando”. Esto claramente tiene sus implicaciones. Y es que desde hace tiempo, muchos paisanos hemos sentido que sólo entre venezolanos nos entendemos. Algo ha marcado nuestro simbólico. Lo “venezolano” ahora se acompaña de ese ‘sutil’ (o quizás bien evidente) “saber hacer” con lo absurdo, con lo incongruente. ¿Qué sabemos? Y ¿qué hacemos? Diría que sabemos un poco de lo que no podemos explicar y hacemos un poco con ese absurdo. Porque nos ha tocado eso: Encontrar un modo dentro del desorden.

Entonces, me pregunto: ¿Qué lugar posible para los analistas? Me inquieta que algunos analistas venezolanos no se inquieten por dar luces desde el psicoanálisis a esto, como si el psicoanálisis fuera inmune; como si fuera solo lo que pasa dentro del consultorio una vez que se cierra la puerta. El psicoanálisis no puede tratarse solo de eso. Uno tiene que vivir, experimentar, molestarse, confundirse, enamorarse, trabajar, asombrarse, aburrirse, perderse, encontrarse, y mucho más, para poder hacer un análisis. Hay que estar fuera del análisis para entrar en análisis. Pensar en el psicoanálisis como turista en los asuntos sociales es incómodo. ¿Dónde está la inquietud por el padecimiento humano a partir de algo que, seguramente, se repite en la consulta diaria del psicoanalista venezolano? Y no me refiero a un frívolo intento de explicar algunas cosas para distinguir entre la inseguridad de un país o la paranoia, ni de los intentos de explicar una situación tan extrema apoyándose solo en las ‘pequeñas diferencias’. Me refiero a la responsabilidad de acercarse con atención, alerta, a la escucha de los que padecen.

Para finalizar, rescato la prudencia del analista, y de la escuela, pues no se trata de cambiar una sociedad ni redirigir los movimientos de masa. Pero creo que sí se trata de dignificar las situaciones con escucha y presencia. Lo decía JAM, se trata de la avaluación, internamente, sí, y externamente también, cuando corresponda. ¿Cómo no pensar que una situación así no dice algo del sujeto, de la contemporaneidad? ¿Qué nos está diciendo? Porque de que habla, habla.

*Estudiante venezolana del Máster 2 en psicoanálisis en la Universidad de Paris VIII